Gustavo Ayón: Sinónimo de humildad y esfuerzo

Foto: Katy López para Panamerican World








Nacido en Zapotán, Nayarit, el 1 de abril de 1985, Gustavo Alfonso Ayón Aguirre, es uno de los cuatro mexicanos que conforma el selecto grupo de los que han llegado a la NBA, campeón con la UPAEP, también con los Halcones de Xalapa de la LNBP, nombrado “Jugador Revelación de la ACB” en la temporada 2011; además, MVP y parte del "Equipo Ideal" del Torneo FIBA Américas 2013 en donde fungió como líder y capitán de la Selección Mexicana que logró su clasificación, después de 40 años, al Mundial de la especialidad que se celebrará en España en agosto-septiembre de este año.
Hace falta cruzar dos palabras con él para darse cuenta de su humildad, amabilidad y buenas formas; pareciera que aún no se da cuenta que es parte de la historia de un país, no hace aspavientos de sus logros y su enfoque se mantiene en ser feliz y procurar a los suyos de la mejor manera. Ese es el “Titán”, que en una entrevista nos cuenta gran parte de sus secretos, nos habla de su familia, de su trayectoria, su lesión, de su futuro, del Mundial, de Jorge Toussaint, de Eduardo Najera, de lo que pasó por su mente con el tiro de Alex Galindo en el Premundial, y de muchas otras cosas más. Esta es una entrevista de dos entregas, aquí la primera.

¿Cómo fue tu niñez, tu familia?
Tengo dos hermanos y una hermana, todos mayores que yo; creo que éramos de una clase baja. Mi madre era maestra de la primaria del pueblo de Zapotán (Nayarit, México), era la directora, y mi padre trabajaba en el campo, con las vacas y sembrando maíz, sorgo o alguna otra cosa. No vivíamos muriéndonos de hambre pero tampoco en una situación holgada. Ahora mi madre es jubilada, mi padre ya se dedica a pensar en su familia, a visitar a sus nietos, a estar al pendiente de lo que sus hijos necesitan. Es un poco diferente, pero nuestras vidas en general no han cambiado por tener más o menos en la cuestión material, nunca tiene que cambiar tu esencia como persona, ni tu manera de ver las cosas; no hemos perdido el piso como familia ni siquiera desde que llegué a la NBA, porque ese es un trabajo como cualquiera en el que puedes tener éxito, te va bien y ya está, no quiere decir que eres mejor o peor que antes.
                     
¿Cómo te iniciaste en el basquetbol?
Empecé a los 12 años, pero era una manera de jugar basquetbol como cualquier niño  que agarra un balón y tira a la canasta sin convicción. Mi padre, mi hermano más grande y mis tíos jugaban mucho al basquetbol,  entonces me llamaba la atención simplemente por esa razón. Conforme iba creciendo le iba tomando más interés y empezaba a entrenar. Uno de mis tíos me empezó a invitar a salir a jugar a otros lugares y la verdad no lo hacía bien, pero tenía las habilidades físicas, era atlético, siempre corría y saltaba.
Inicié a jugar como debe de ser, de entrenar todos los días y tomarlo como una responsabilidad, cuando tenía 18 años y entré a la UPAEP (Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla); ahí es cuando realmente comienzo a darle seriedad e importancia, y es cuando empiezo a soñar y a decir que quería jugar en la NBA. Me ponía a pensar que si quería lograr ese sueño debía hacer las cosas de manera correcta; entonces fue en ese tiempo cuando empecé con una rutina seria de entrenamientos, de comer y descansar bien.

¿A qué coach es al que le debes que tu basquetbol se haya vuelto más profesional?
Al entrenador Javier Ceniceros cuando estaba en la UPAEP, fue el asistente de la selección en el Premundial de Venezuela 2013, creo que él fue una de las personas que tuvieron más influencia en mi cuando empecé a jugar porque era con el que entrenaba todos los días, siempre me exigía  que diera un poco más de lo que daba un día antes. No podría decir que jugaba bien o mal, simplemente no sabía ubicarme, no sabía de qué manera atacar o defender en un sistema organizado, mis compañeros hacían cosas que a mí me costaban trabajo, pero Javier vio algo en mí y lo desarrollo.

¿Cuál ha sido el momento más difícil de tu vida?
El cambio de llegar de mi pueblo (Zapotán) a vivir a una ciudad (Puebla), ese fue un cambio muy difícil porque no estaba acostumbrado a ese ritmo de vida. Compañeros de mi edad, o incluso más jóvenes, tenían una mentalidad diferente a la mía; no me asustaba ni me daba miedo, pero imagínate a una persona de rancho, con una mente fresca, que empezaba a conocer todo; era muy complicado, más a esa edad donde las burlas y que alguien te molestara era el “pan nuestro de cada día”. Fue algo de lo que aprendí mucho y simplemente un día decidí que debía despertar y ponerme al nivel de lo que se vive en una ciudad, en una universidad de ese tipo y pensar que ya no estaba en mi pueblo, con mi madre, ni mi padre; que era otra vida y que debía cambiar mi manera de pensar.

¿Qué sentiste cuando contactaron contigo para jugar en la NBA?
Es algo inexplicable, sientes una emoción increíble al saber que tu sueño está a punto de cumplirse, que ya hay contacto e interés por parte de la NBA para que vayas a jugar a la liga; ese momento ha sido uno de los momentos más felices de mi vida. A los primero que llamé para decirles que me habían contratado fue a mis padres y a mis hermanos.
                     
Has pasado por momentos complicados en la NBA por lesiones o falta de continuidad en tu juego, ¿qué se hace para seguir con esa entereza?
Desde el momento que decidí pagar un millón y medio de dólares para ir a la NBA, mi plan era estar tres años y dentro de ese plan estaba previsto que habría dificultades, pero también cómo afrontarlas porque después de lo que pagué no iba a regresarme a la primera dificultad que tuviera, en España también me costó trabajo y al final se dieron bien las cosas. Después de esos tres años ya empiezo a pensar qué voy a hacer, si sigo en la NBA dependiendo de cómo se den las cosas, o me regreso a Europa o me voy a otro lado. La siguiente decisión la tomaré con paciencia y siempre pensando en lo que me hace feliz, que es jugar; jugando me da igual en donde esté y que el mundo ruede mientras esté contento.

¿Te gustaría ser coach, algún día?
No me interesa porque esa profesión significa viajar mucho, significa no darle tiempo a tu familia. Lo que quiero es tener una empresa propia, en la que pueda darle la mayor cantidad de tiempo ellos, a mi hijo; poder ofrecerles lo que tal vez no puedes darles durante 15 años cuando eres jugador, pero que se merecen por haberte apoyado, entonces lo que quiero es regresárselos con creces. En estos momentos estoy iniciando una empresa pequeña para el tema de representación de imagen, pero apenas está avanzando poco a poco.

¿Alguna vez se le han “subido los humos” a Gustavo Ayón?
No, nunca. Cuando estaba en la Universidad algunos compañeros me decían que me escuchaba egocentrista y prepotente cuando les decía que iba a llegar a jugar en la NBA, porque yo desde ahí lo visualizaba; ellos me veían como que había perdido el piso y que pensaba que como jugaba bien ya sentía que podía llegar ahí, pero no era eso, simplemente tenía un sueño que quería cumplir. Siento que me ha pasado al contrario, soy una persona totalmente diferente, estoy más centrado, siempre  al pendiente de mi familia, me preocupo por cuidarme y por mantener bien mi físico para hacer bien mi trabajo. El dinero no me hace sentir ni más, ni menos. No he perdido mi esencia, vengo de un sitio humilde, de una familia humilde y me mantendré humilde hasta el día que me muera.

¿En el Premundial celebrado en Venezuela en el 2013, en donde consiguieron su clasificación al Mundial, iniciaron ganando tres partidos (Venezuela, Paraguay y República Dominicana) y de repente pierden contra Canadá y Argentina, en algún momento pensaste que la historia se repetiría y que el sueño se esfumaba?
Jamás lo pensé, jamás pensé que las cosas serían iguales que en otras ocasiones, porque lo veía desde un punto de vista diferente al de muchos medios de comunicación en México que no tienen idea de lo que es el basquetbol; ellos solo mencionaban que perdimos contra Argentina por 20 y luego con Canadá también por 20, pero no veían las estadísticas. Argentina encestó un 65% en tiros de 3 puntos y al siguiente día Canadá hace el 67% también en tiros de 3. Lo que se dio en esos dos partidos, era muy difícil que otro rival lo hiciera y aún nos tocaba jugar contra Uruguay, Jamaica y Puerto Rico; todo dependía de nosotros si queríamos ir al mundial y la verdad es que todos los miembros de la selección pensábamos de esa manera, y veíamos a esos partidos como un partido más que se había perdido, pero inmediatamente pensábamos en el siguiente y listo.

¿Qué pasó por tu cabeza en la final contra Puerto Rico cuando Alex Galindo hizo ese último tiro que pudo haberle quitado el triunfo a México?
(Hace una pausa y se ríe nervioso, como recordando el momento exacto) Me hubiera dado mucho coraje que lo hubiera metido y no tanto por perder, porque esa es una opción en cualquier juego, sino porque me acuerdo de una situación que ocurrió en el partido. Me molesté en el primer tiempo cuando faltando dos minutos para que se acabara, Ramón Díaz, el asistente de Sergio Valdeolmillos que se había quedado como entrenador porque a Sergio lo había expulsado, me sacó y yo le preguntaba que por qué me sacaba. Hubo un tiempo fuera faltando 20 segundos para que se acabara esa primera mitad y le dije que me metiera a defender esa jugada y me dijo que no porque iba a hacer falta, no llevaba ninguna y de hecho terminé el partido solo con una, la verdad es que con la adrenalina me molesté y volví a peguntarle que por qué no me metía si era una posición importante; en eso Carlos Arroyo realizó un pick and roll y metió una de tres, me enojé bastante y cuando terminó el tiempo me fui directo al vestidor. Entonces, lo que vino a mi mente cuando Galindo hace ese tiro de tres, era que si lo metía me iría sobre Ramón porque le había dicho que esa posición de Arroyo terminaría siendo muy importante en el encuentro. Galindo falla y en ese mismo instante cambié el chip y en lo único que pensé fue en celebrar. Ahora no cuestiono la decisión de Ramón porque siempre hay que respetar a la persona que esté como coach, tal vez si me hubiera metido no hubiéramos ganado, por algo pasan las cosas, no hubiera sido tan emocionante (risas,) pero con la euforia y adrenalina de ese momento yo estaba perdiendo un poco la cabeza.
                     
¿A qué jugador admiras?
Luis Scola, siempre me ha gustado como juega y la manera como ha llevado su carrera. No es un jugador espectacular como LeBron James, Kobe Bryant o Michael Jordan, o con un físico impresionante, pero es muy inteligente y juega muy bien.

¿Quién era tu equipo favorito antes de llegar a la NBA?
Me gustaban los Lakers cuando estaba Shaquille O’Neal y después le iba a Miami cuando estaba también él, creo que básicamente me gustaba verlo porque era muy chistoso. La realidad es que no veía mucho la NBA, aún me mantengo al margen de ver los partidos, por lo regular lo hago solo cuando tengo que ver un juego por el trabajo, porque nos toca enfrentar a ese equipo. Lo que sí recuerdo es empecé a adentrarme a la NBA en aquella final del 2004 en la que Detroit le ganó a los Lakers.

¿Sino hubieras sido basquetbolista, cuál hubiera sido tu profesión?
Me hubiera gustado hacer algo relacionado con los autos, aunque siendo sinceros no me veo en otra cosa que no sea jugando basquetbol.

¿Cuál es tu comida favorita?
Me encanta la comida italiana, principalmente la pasta, pero puedo comer de todo un poco. Solo hay un detalle, no como absolutamente nada de picante.

¿Qué haces en tu tiempo libre?
Cuando mi hijo está conmigo, intento pasar la mayor parte del tiempo con él, sino es así, veo películas en la computadora o voy al cine, me gusta ir a cenar y hacer compras por internet.

¿Cuál es tu película favorita?
Hay varias que me gustan como la de “Hombres de Honor”, “Diamante de Sangre”, “Diarios de una Pasión”, la de “Nosotros los Nobles” y la de “Rudo y Cursi”.  Mis amigos me dicen que me gusta ver películas de “viejitos”, porque disfruto ver cintas de la “época de oro” del cine mexicano como las de Pedro Infante, Antonio Aguilar, “Piporro”, Jorge Negrete y Luis Aguilar. Las puedo ver hoy y en un mes volverlas a ver, siempre me siguen gustando y llamando la atención.

¿Qué tipo de música te gusta?
La de banda y me gusta mucho Joan Sebastián, pero puedo escuchar de todo tipo siempre y cuando sea en español.
¿Además de jugar basquetbol qué otra habilidad tiene Gustavo Ayón?
Sé charrear, es algo que me encanta.

¿Por qué “Grandúl”, por qué “Titán”?
“Grandúl” sólo me dicen mis compañeros de la universidad porque había una casa a la que íbamos a cenar y el primer día que llegué ahí, uno de los jugadores me vio y dijo: “ese está muy “grandúl” y de ahí todos me empezaron a decir así y era como me conocían. “Titán”, me puso un periodista de Xalapa, que se llama Fernando, cuando ganamos el primer partido de la final del 2007 contra Soles de Mexicali; lo puso en un encabezado y después la gente empezó a llamarme de esa manera, incluso cuando llegué a España porque veían los periódicos de México. Me es indiferente si me llaman de una manera u otra, lo importante es que la gente tenga un bonito recuerdo de mí.

¿Tienes alguna enemistad con Eduardo Najera?
Realmente no tengo conflicto con él, tampoco algún resentimiento o enojo. Lo conozco obviamente pero no existe enemista, aunque tampoco amistad. Simplemente él tiene opinión respecto algunos temas y yo la mía, ambas respetables.

 ¿Qué opinión te merece Jorge Toussaint?
Tengo una relación bastante buena con él y con su hijo Carlos, que es un chico muy inteligente y centrado. A mí no me ha hecho nada (Jorge Toussaint) y tampoco me consta lo que la gente dice acerca de él. Algunos hablan cosas buenas, otras cosas malas, hay gente que lo quiere y otra que lo odia. Si le ha hecho daño al basquetbol mexicano es algo de lo que no tengo certeza, y en el caso de ser así, tampoco creo que una sola persona sea el problema o haya sido el único que haya causado daño, seguramente hay muchas personas que se prestaron a perjudicar nuestro deporte, pero creo que en vez de lamentarnos, deberíamos de unirnos para trabajar en pro del basquetbol mexicano y no dejar que vengan personas a querer sacar provecho y verlo como un negocio personal. Se puede hacer negocio, como otros deportes, pero que el beneficio sea para todos, para la afición con un buen espectáculo y para los jugadores que son los principales protagonistas, para los entrenadores, cuerpo técnico y, por supuesto, que para los directivos. Trabajando en equipo y de manera correcta los beneficios vienen por si solos, sino todo se derrumba como ha pasado en muchas ocasiones.
                   
¿Qué le pides a las autoridades de nuestro deporte y de nuestro basquetbol como apoyo para la Copa del Mundo de España 2014?
La realidad es que para la magnitud del evento, no les estamos pidiendo mucho apoyo a las autoridades en el tema de la Selección Mayor, porque es sustentable por sí sola. Más bien, lo que yo les pediría es que se preocupen por el desarrollo de las nuevas generaciones, en apoyar a nuestros niños en eventos internacionales, porque son el futuro de nuestro deporte. Creo que con la participación que tendremos en España, habrá más personas que se interesen por practicar basquetbol en nuestro país, pero deben sentirse respaldados para que representar a México lo vean como un sueño que puede convertirse en realidad y no tengan que esperar otros 40 años para asistir a un mundial por factores externos; si no logramos esto, el esfuerzo de los que formamos parte de esta clasificación histórica, no tendrá ninguna valía.

-Por Alejandra Romo para PANAMERICANWORLD. Enlace
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Columna sin afinidad política u organizativa, dedicada a seguir a las selecciones mexicanas de basquetbol en todas sus categorías.
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